Autocuidado de la salud Blog

DEFINICIÓN DE AUTOCUIDADO DE LA SALUD POR Q#

15 Septiembre 2009 · Dejar un comentario

Portada libro colaborativo Autocuidado de la Salud

Autocuidado de la salud ó AUTOSALUD: cada uno es artífice y gestor de su propia salud, su lucha diaria sustanciada en la alimentación y el ejercicio físico, esto es, la lucha contra el sedentarismo, el alud que no cesa, una avalancha diaria de hábitos insalubres vertebrados en gran medida en el uso y abuso del transporte motorizado, absolutamente injustificado en la mayoría de ocasiones, en nuestros movimientos cotidianos.

Ambos elementos, el equilibrio nutricional y el sedentarismo, están integrados en esta Quimérica, donde la pirámide alimentaria se torna montaña, un arduo “ocho mil” cotidiano que al ascender sorteando peligros y obstáculos, cómo los aludes, la tentación del uso indiscriminado del coche, que sepulta el campo base de esta pirámide – el agua, en clara alusión, no sólo a los factores nutricionales sino medioambientales que dicho transporte universalizado pone en serio peligro.

La pirámide donde los elementos del símil alpinismo- nutrición coinciden: esto es, el campo base y los campos situados más cerca de la base son los más importantes, donde se gesta el trabajo de fondo, siendo la cúspide sólo la culminación más visible y paradójicamente, la más prescindible…como en ITACA, lo importante es el camino.

Los nombres incluidos en los elementos ornamentales de la Quimérica, a caballo entre puertas de slalom de esquí y banderas de oración tibetanas, marcan los referentes no sólo visuales, sino existenciales de la autora, en su devenir cotidiano, cual luces a pie de camino en la ardua ascensión a la cima. A modo de guiño, sustituyo K-2 por B-12. La cúspide de la pirámide: la presencia del “Ego artista” en el plano más elevado, separado en soledad, casi inalcanzable que propone una reflexión contradictoria…justo antes de tocar el cielo.

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El autocuidado de la salud: una responsabilidad asumida por otros

2 Julio 2009 · Dejar un comentario

  • Autores: Olga Lucía Villamil Fonseca, Nancy Nevado Barriga
  • Localización: UMBral Científico, ISSN 1692-3375, Nº. 7, 2005 , pags. 43-52
  • Resumen:
    • El siguiente artículo presenta una breve revisión teórica sobre el área del Desempeño Ocupacional de autocuidado, visto como lo plantea Trujillo, 2002, como cuidado de la salud. Luego presenta los resultados de una investigación realizada en el grupo de investigación de Ocupación Humana en procesos comunitarios de la Universidad Manuela Beltran, titulado: caracterización de autocuidado, tiempo libre y trabajo de un grupo de adultos mayores, de la localidad de Chapinero, cuyo objetivo general fue: Describir las características en cuanto a autocuidado, tiempo libre y trabajo, del Adulto mayor del barrio Juan XXIII y el Ancianato su Tercer Hogar de la localidad de Chapinero.

      Este artículo presenta los resultados relacionados con el autocuidado, con el fin de conocer los conceptos y hábitos que dichos adultos mayores han tenido frente al cuidado de la salud. Para la recolección de la información se aplicó una encuesta al total de la población adulta mayor de éste Ancianato. De acuerdo con los resultados, se infiere que a lo largo del ciclo vital el autocuidado de la salud ha sido asumido por otras personas (miembros de la familia) y que se asiste a un control médico, cuando ya se ha instaurado una enfermedad o una discapacidad, así entonces es importante que desde Terapia Ocupacional se desarrollen acciones para promover la salud y prevenir la discapacidad, donde las personas sean autoras principales del proceso de autocuidado.

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    Las instituciones de salud y el autocuidado de los médicos

    2 Julio 2009 · Dejar un comentario

  • Las instituciones de salud y el autocuidado de los médicos
  • Autores: Rosario Valdez-Santiago, Luz Arenas Monreal, Isabel Hernández Tezoquipa, Pastor Bonilla-Fernández Localización: Salud pública de México, ISSN 0036-3634, Vol. 46, Nº. 4, 2004 , pags. 326-332

    Resumen:

    • Objetivo. Analizar la influencia que la profesión y la institución laboral ejercen sobre el autocuidado de la salud de los médicos. Material y métodos. La investigación se realizó de marzo de 2000 hasta febrero de 2001 en un centro de salud, un hospital general y un instituto de investigación en salud. En el estudio se utilizó un diseño cualitativo; los datos fueron obtenidos a través de entrevistas en profundidad.Se realizaron cuatro entrevistas a médicos que laboran en las instituciones mencionadas: dos a médicos del primer nivel de atención y dos del segundo nivel. Resultados. Los hallazgos de esta investigación señalan que los médicos tienen dificultades para prodigarse cuidados. Estos obstáculos se acentúan para los médicos del segundo nivel de atención, quienes laboran jornadas prolongadas y realizan multicontratación institucional. Las dificultades están relacionadas principalmente con el estrés, la alimentación, el descanso y el esparcimiento. Los médicos no se someten a revisiones médicas de rutina y efectúan ¿consultas de pasillo¿ con sus colegas cuando tienen alguna dolencia o enfermedad.Los entrevistados coincidieron en señalar que las instituciones de salud carecen de políticas, programas, reglamentaciones y espacios que promuevan el autocuidado en los trabajadores que laboran en ellas. Conclusiones.Las instituciones de salud no están diseñadas ni estructuradas para promover e impulsar el autocuidado de quienes ahí laboran y, en el caso de quienes trabajan en el segundo nivel de atención, la estructura organizativa dificulta el autocuidado.

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    Dominio cultural del autocuidado en diabeticos tipo 2 con y sin control glucémico en México

    6 Junio 2009 · Comentarios desactivados

    Ana L Salcedo-Rocha; Javier E García de Alba-García; Elizabeth Sevila

    Unidad de Investigación Social, Epidemiológica y de Servicios de Salud. Instituto Mexicano del Seguro Social -Jalisco, Mexico

    INTRODUCCIÓN

    La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) representa un problema de salud pública de creciente magnitud. A nivel mundial, actualmente afecta a 140 millones de personas, pero en las próximas dos décadas la padecerán 300 millones de individuos.25 En México, en menos de una década, la prevalencia de DM2 se incremento 23%, de 6.7% en 1993 a 8.2% en el 2000.1

    Además de enfrentar el aumento en la magnitud de la DM2, las instituciones de salud consideran al control glucémico de los pacientes como un aspecto clave para la adecuada atención y pronóstico22 de la DM2. Sin embargo esta situación no es fácil de lograr. En países como USA se estima que 35.8% de los pacientes están controlados,15 en México a nivel nacional la cifra de control glucémico es de 36% y a nivel local de 28%.1,11

    El control glucémico implica un reto para el actual modelo de atención de la DM2, donde se ha considerado la necesidad de plantear una estrategia de atención que garantice servicios de calidad, que incorporen el punto de vista del paciente con el propósito de desarrollar en el aptitudes adecuadas de autocuidado en promoción, prevención y tratamiento.4,12

    En México como en Brasil, la importancia del conocimiento cultural de las enfermedades crónicas ha sido señalado desde hace dos décadas.8,9 Sin embargo, el fomento colectivo de la promoción de salud se ha visto poco beneficiada por el enfoque socio-médico.

    En el caso del paciente con DM2, aún se le involucra en los programas de atención, bajo el supuesto de ser un actor independiente en la capacidad de tomar decisiones, controlar su propia vida y asegurarse la posibilidad de gozar de un buen estado de salud.10

    En la realidad, se requiere todo un proceso que incluya las dimensiones: biológica, psicológica, social, cultural, ecológica, productiva, recreacional, sanitaria y espiritual12 para empoderar al paciente diabético. Así, esté puedes desempeñar un papel más activo en el cuidado de su salud y desarrollar aptitudes apropiadas y exitosas.

    Un paso para lograrlo de manera efectiva es mediante el conocimiento del significado y el sentido que estructura el paciente en relación al autocuidado de su padecimiento.

    Al efecto la perspectiva médica-socio-antropológica considera al conocimiento como un proceso desde el propio paciente desde su cultura. Esto ha mostrado su utilidad ya que este enfoque se ha utilizado para abordar objetos de estudio, tales como: los valores, sentidos y significados que los pacientes le dan, no únicamente a su padecimiento sino a su salud como elemento base de su calidad y estilo de vida.

    Conocer la cultura de la enfermedad coadyuva a obtener elementos de juicio para estructurar servicios de atención más integrales, comprensivos, con mayor calidad técnica y humana. Principalmente ante el reto que plantea el adecuado autocuidado dentro de la complejidad del manejo de la DM2.3

    El presente trabajo se basó en la orientación teórica de la vertiente cognitiva de la antropología, que mediante la teoría de consenso,12 permite obtener modelos culturales en grupos específicos de personas. Estos son entendidos como una representación semántica altamente esquematizada de los elementos, estructura, relaciones y procesos concernientes a la construcción compartida del conocimiento sobre un dominio o aspecto particular de la realidad cotidiana, o sea, del autocuidado de la salud.

    En este orden de ideas, la cultura es entendida como conocimiento compartido de sistemas de significados y sentidos, comunicados mediante el lenguaje natural y otros sistemas de símbolos con funciones representacionales, directivas y afectivas. Ella es capaz de crear otras entidades no culturales y darle un sentido particular a la realidad.6 La cultura afecta y es afectada por otros sistemas de la vida material y de la personalidad, a través de ítems compartidos que funcionan en ambas direcciones. Es precisamente la estructuración de conocimiento compartido que asegura la variabilidad intergrupal e intra-grupal de los modelos culturales, sea: por la compartición cuali-cuantitativamente incompleta del conocimiento culturalmente acordado, por restricciones del contexto social ó por restricciones económicas de los actores;10 donde se ven influenciados, las conductas, actitudes, creencias, normas y valores de la vida cotidiana de las personas.

    El método para determinar la existencia de acuerdo en la construcción del conocimiento cultural se denomina análisis de consenso cultural19,24 y requiere de tres condiciones para lograrse.

    1. La existencia de un dominio cultural unificado, en este caso el autocuidado de la DM2.

    2. Una respuesta singular y espontánea acorde al dominio explorado (el autocuidado de la DM2) mediante una variante de la entrevista estructurada, las listas libres.

    3. Que la aplicación de las preguntas formuladas sean respondidas de manera independiente unas de otras por cada informante de manera aparte.

    El presente trabajo tuvo como objetivo analizar los modelos culturales a manera de modelos semánticos del autocuidado de la salud en pacientes afectados por la DM2, con y sin control glucémico.

     

    MÉTODOS

    Se realizó un estudio cuali-cuantitativo, exploratorio, descriptivo y comparativo en muestra consecutiva representativa de pacientes diabéticos con y sin control glucémico, usuarios de la clínica de medicina familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Guadalajara. En el cálculo del tamaño de la muestra se utilizó la tabla propuesta por Weller & Rommey24 para estudios sobre consenso cultural en grupos cuyo nivel de acuerdo es igual o superior al 50%, con 99% de confiabilidad y 1% de error, el número mínimo de casos sugeridos es de 30 por grupo de comparación.

    Los grupos de participantes estuvieron conformados por 57 pacientes diabéticos controlados y 76 pacientes sin control, de ambos sexos, con un rango de edad de 40 a 69 años, sin complicaciones, que dieran su consentimiento informado por escrito, participar en el estudio.

    Se incluyeron sólo pacientes diabéticos (con diagnostico médico confirmado desde un año o menos de diez), cuya glucosa en ayuno en un trimestre previo fuera menor de 120 mg/dl (grupo de pacientes controlados); y pacientes diabéticos con glucosa en ayuno mayor o igual a 120 mg/dl, pacientes descontrolados según la norma oficial mexicana. No se incluyeron aquellos pacientes que presentaran complicaciones agudas, incapacitantes, problemas de lenguaje, tener menos de un año ó más de diez años de diagnóstico de DM2 ó que no aceptaran participar en el estudio.

    La recolección de datos por los investigadores participantes, realizó durante la última mitad del año 2003 y consistió en la aplicación de una cedula sobre datos sociodemográficos del paciente (edad, sexo, estado civil, escolaridad y ocupación). Para explorar el dominio cultural del autocuidado, se formularon seis preguntas estructuradas para su contestación a manera de listas libres, que consistieron en solicitar a los participantes de manera independiente, todos los conceptos, frases o términos relacionados con: ¿Porqué una persona debe cuidar su salud?, ¿Qué debe hacer una persona adulta para estar sano?, ¿Las comidas que dañan más la salud?, ¿Aparte de los quehaceres de la casa, que entiende por hacer ejercicio?, ¿Como debe ayudar la familia a un adulto para estar sano?, ¿A que cree se deba que al diabético no le avance la enfermedad?

    Las preguntas se formularon a cada informante, por un mismo investigador, entrenado, de manera separada, en el mismo orden, en un ambiente tranquilo y de privacidad, asimismo se evito sugerir respuestas de manera verbal, solo se alentó a que el paciente formulara el mayor número de respuestas.6

    El análisis estadístico de los datos sociodemográficos, abarcó dos momentos: el primero fue descriptivo para obtención de frecuencias absolutas y relativas, promedios y desviaciones estándar. El segundo de orden inferencial, donde se consideró diferencia significativa una p<0.05, las obtenidas con las pruebas F de Snedecor para los datos numéricos y la Ji cuadrada en los datos categóricos, con ayuda del programa EpiInfo 6.4.

    El análisis de la construcción del conocimiento cultural para el autocuidado, respeto los tres requisitos para el análisis de consenso, previamente señalado y con el apoyo del programa Anthropac,* se facilitó el análisis componencial de:

    La estructura jerárquica de los ítems – respuestas obtenidas- que integran la estructura de cada modelo cultural sobre el autocuidado en salud.

    El grado de conocimiento grupal sobre el modelo cultural consensado, a manera de correlación promedio de las respuestas individuales.

     

    RESULTADOS

    Los grupos de pacientes con y sin control no presentaron diferencias estadísticamente significativas, respectivamente, por edad (61.88+9.2 y 60.42+11.3); sexo (46% hombres, 54% mujeres y 39% hombres, 61% mujeres), estado civil (71% casados y 74% casados), escolaridad (60% y 66% con educación primaria o menos), y ocupación (32% y 34% trabajan).

    En las Tablas se presentan comparativamente: el modelo de estructura semántica construida por consenso cultural para cada pregunta formulada a los dos grupos de estudio, los promedios de conocimiento grupal y su significancía estadística.

    Obsérvese que en el Tabla 1, los ítems que conforman la estructura semántica de los modelos culturales expresados por los pacientes controlados y los no controlados, sobre “¿Porqué una persona debe cuidar su salud?”, no presentaron diferencias estadísticas, nótese también que las frecuencias de presentación y orden de mención de los primeros tres ítems (bienestar, por vejez y vivir más) abarcan respectivamente el 61% y 69% de las respuestas.

    En los modelos de ambos grupos se detectó un promedio de conocimiento cultural de los modelos alto y prácticamente similar (0.713 y 0.733).

    En el Tabla 1 se plantea también el consenso a la cuestión “¿Qué considera Usted, que debe hacer una persona adulta para estar sano?” Las frecuencias de los ítems de los dos modelos, son estadísticamente similares (p>0.05). Los primeros cinco ítems (alimentarse, hacer ejercicio, auto-eficacia, bienestar, acudir al médico) de dichos modelos culturales, engloban a más del 90% de las respuestas. Y el promedio de conocimiento en ambos grupos fue superior a 0.70.

    El modelo semántico encontrado en pacientes controlados y no controlados sobre las comidas que dañan más a la salud se presenta en el Tabla 2. La estructura semántica de ambos modelos, plantea como ítems en los primeros cuatro lugares a: la carne roja, los antojitos regionales, las grasas y la comida chatarra, que incluyen respectivamente el 64% y 74% de las respuestas, en ambos grupos el promedio de conocimiento fue de 0.75 por parte de cada grupo.

    En relación a la pregunta “¿Qué entiende Ud. por hacer ejercicio?” en el misma Tabla 2, se observa que las frecuencias de los modelos descritos son estadísticamente diferentes (p=0.03), y que los dos primeros ítems (caminar, ejercicio físico) abarcan el 51% de las respuestas en pacientes controlados y en los no controlados el 71%, el conocimiento cultural promedio es de 0.74 y 0.72 respectivamente.

    En el Tabla 3, refere-se a la pregunta “¿Cómo debe de ayudar la familia a un adulto para estar sano?” La respuesta estructurada en ambos modelos culturales ubicó en primer lugar el ítem: “dar afecto”, seguido de “apoyo mutuo” y “colaborar”. Estos tres ítems abarcaron el 83% y el 82% de las respuestas y no se detectaron diferencias en las frecuencias de las respuestas, el promedio de conocimiento fue de 0.68 y 0.62, respectivamente en pacientes controlados y no controlados, con una diferencia estadísticamente significativa (p=0.007).

    En la pregunta “¿A qué cree que se deba que al diabético no le avance la enfermedad?”, que se muestra en el Tabla 3 nótese que la estructura de frecuencias fue similar en los dos modelos presentados. Los primeros tres ítems (autocuidado, seguir dieta y cuidados médicos) abarcaron el 71% y el 73% de las respuestas. Ambos modelos presentan en torno a las estructuras presentadas un promedio de conocimiento similar, de 0.68.

     

    DISCUSION

    La ausencia de diferencias en grupos por sexo, estado civil, escolaridad, ocupación y antigüedad diagnostica permiten considerar que presentan un alto grado de similitud y permiten efectuar comparaciones entre pacientes con DM2 controlados y no controlados. Hay la limitante de que los resultados del presente estudio sólo se pueden extrapolar a los pacientes de la unidad de medicina familiar estudiada. Por otra parte, debido a que las respuestas de los informantes, respetan las tres condiciones del análisis de consenso, se infiere que ellos desarrollaron independientemente un modelo semántico generado por sus respuestas, solo mediadas por la cultura que comparten.

    Las estructuras semánticas de los modelos culturales de respuesta encontrados en ambos grupos son cuali-cuantitativamente similares. Salvo las relacionadas con la pregunta “¿Qué entiende por hacer ejercicio?”, donde las frecuencias de los ítems que la conforman fueran estadísticamente diferentes al considerar los pacientes controlados con una mayor proporción de respuesta los ítems compartidos. Además de incorporar el uso de la bicicleta, en comparación con los pacientes no controlados, los controlados parecen tener más restringidos los porcentajes de sus respuestas (Tabla 2).

    En todos los demás casos, cada par de modelos esta consensado alrededor de una sola estructura cognitiva19 es decir por un dominio compartido del conocimiento cultural de la realidad cuestionada.

    El juicio anterior cobra mayor relevancia si considera que los promedios de conocimiento, para todas las respuestas en ambos grupos son mayores a 0.5 y no muestran diferencias estadísticas. Salvo el promedio de la pregunta “¿Cómo debe ayudar la familia a un adulto para estar sano?” donde los pacientes no controlados tuvieron un promedio de conocimiento menor (p<0.007). Esto evidencia una menor consideración de la familia como apoyo para el autocuidado de este grupo.

    Los resultados generales sugieren la hipótesis de que existe un mismo modelo de conocimiento cultural compartido en la construcción del autocuidado de la salud en los pacientes diabéticos, independientemente de su control glucémico.

    De acuerdo con lo señalado, surge la pregunta “¿que pasa con estos modelos y las acciones institucionales realizadas, en torno al control glucémico y de auto cuidado de los pacientes estudiados?”. Parecería que el diagnostico de DM2 y las acciones de atención a lo largo del tiempo afectan poco la estructura semántica y el conocimiento cultural del autocuidado a su salud en ambos grupos.

    El control glucémico solo se relaciono de manera significativa con las áreas de apoyo familiar (promedio de conocimiento grupal) y del ejercicio físico (estructura semántica), áreas que en estudios anteriores se han encontrado asociadas también de manera significativa con el control glucémico.11,18

    Por lo anterior, hay que considerar al control un determinante que debe reforzarse en dichas áreas, a nivel institucional (consulta, otros servicios) y extra institucional (familia, trabajo y tiempo libre), con especial cuidado en los pacientes no controlados, desarrollando aptitudes para incrementar conocimientos y ofertas para ejercicios variados y accesibles.

    En otras palabras, es en la estructura semántica de los sujetos cognoscentes donde se manifiesta el dominio cultural del autocuidado, objetivado en los pacientes como ítems sobre medidas preventivas, prácticas de auto-tratamiento y manejo de la DM2. De acuerdo con Segall & Goldstein,5 las diferencias encontradas pueden explicarse por las formas de iniciar o mantener el autocuidado, situaciones que en el presente estudio pueden incluir:

    Cómo los pacientes ligan patrones de atención a problemas de salud con los de enfermedad y dentro de ella, incluyen el manejo de problemas tanto agudos como crónicos.

    La incorporación de actitudes críticas, de insatisfacción o de reconocimiento de los límites de la biomedicina; así como sobre algunas tradiciones relacionados a las prácticas de atención alternas,

    Conocimientos acerca de los efectos del estilo de vida en la salud y el deseo de ejercer o no, su responsabilidad personal en materia de salud.

    Estos tres aspectos están reflejados, en la frecuencia de los items, su jerarquización y el promedio de conocimiento compartido.21 Estos estructuran los modelos culturales, que los grupos de pacientes controlados y no controlados, elaboraron de manera independiente, y que se pueden sintetizar como:

    1. Las razones para cuidar la salud, que se señalan en función de lograr el bienestar individual, vivir más y afrontar la vejez.

    2. Las acciones enfocadas por aptitudes sobre el estilo de vida: alimentarse, hacer ejercicio y afrontar estrés.

    3. Las principales comidas que dañan más la salud del paciente con DM2 son: la carne roja, los antojitos, las grasas, la comida chatarra, los derivados del cerdo, el azúcar y la sal en exceso.

    4. Las formas, como debe atender una familia al paciente adulto para estar sano, se centran en dar afecto y la mutua colaboración.

    5. Las acciones para que no avance la DM2, se orientan: al autocuidado, a la dieta y la atención médica.

    Los aspectos señalados conforman el núcleo del modelo cultural compartido de autocuidado para la salud, en los dos grupos de pacientes con DM2, independientemente de su control glucémico. Las acciones de autocuidado que manifiestan estos pacientes con DM2 se ubican principalmente en un dominio “biológico” limitado, pues son acciones que están asociadas a ciertos aspectos en el funcionamiento orgánico (la alimentación y el ejercicio). A diferencia de otros estudios12 donde los adultos mayores sin DM2, añaden el sueño, la respiración, la circulación, eliminación y la higiene, como ítems importantes.

    Tocante a los alimentos que se considera dañan más, hay coincidencia con algunos alimentos señalados como comidas peligrosas por otros grupos de personas aparentemente sanas del centro de México.2 Los resultados del presente estudio no infieren más acerca de la calidad de los alimentos. En otros estudios se señala que la calidad se relaciona como necesidad – comer hasta saciar el hambre – y que una “buena dieta” está asociada a la tenencia de factores económicos, más que nutricios.17

    Otros estudios señalan que gracias al autocuidado para la salud se tiene la posibilidad de atenuar los factores adversos en áreas que producen experiencias negativas. Esto afecta la calidad de vida, por lo tanto, se puede pensar que con el autocuidado se pueden mejorar las posibilidades de que los pacientes con DM2, se adapten e integren a su entorno social, se auto-realicen y mantengan sus metas.16

    Las acciones consensadas en torno a la familia se postula la ayuda familiar, como dar afecto y colaboración mutua. Se ha encontrado que el sentido de pertenencia y la relación de afecto y el desempeño de roles y redes de apoyo. Ellos permiten la integración de las familias y de la sociedad en general, situación que debe fomentarse desde la institución de salud, sobre todo en pacientes no controlados. Aspecto refrendado en otros estudios,18,13 donde los adultos mayores insertos en familia caracterizaron sus relaciones familiares en recibir y dar cariño, afecto y ayuda, lo cual consolidó la pertenencia familiar, reforzando la capacidad de asumir responsabilidad, cumpliendo así las funciones de ayuda, cuidado y reciprocidad.3 Para algunos autores,12,23,14 la familia cumple con actividades sustanciales, como el cuidado de sus miembros, el aseo doméstico, la selección y preparación de los alimentos, aspectos que participan en el sustento de la salud. Ante la presencia de enfermedades, como la diabetes, los familiares fungen principalmente como cuidadores, donde pueden establecerse vínculos efectivos que proporcionen condiciones para alcanzar el control metabolico. De ahí la importancia de datos como los del presente estudio que señalan desventaja en los pacientes no controlados, que tienen un modelo cultural cuyo conocimiento compartido es cuali cuantitativamente menor, que en los pacientes controlados. Completa los cuidados familiares para el no avance de la diabetes, el equipo médico como una fuente importante de conocimiento al obtener información directa para su autocuidado.22 Lo señalado obviamente refuerza la complejidad del control glucosa en sangre, que está asociado con el autocuidado adecuado, aunado a la recepción de atención e indicaciones médicas20 más el apoyo familiar.

    Las fuentes de variación del modelo cultural, que en este caso están relacionadas al control glucémico son causadas en cierta medida por diferencias en el nivel del conocimiento del dominio semántico del autocuidado. Todavía son mayormente una limitación en las capacidades o aptitudes para afrontar el control de su glucemia, a pesar de compartir modelos de autocuidado similares.10

    Lo anterior se constata en los hallazgos presentados sobre la concepción que se tiene del ejercicio físico, donde observase que los pacientes no controlados manifestaran mayor concentración de su conocimiento, principalmente en dos opciones: “caminar” y “ejercicio”. A diferencia de los pacientes controlados que plantearon una mayor y significativa diversificación de sus respuestas, que representan actividades cotidianas más variadas, como opciones a lo que entienden como ejercicio (p=0.03).

    En base a lo anterior, se reitera que las prácticas de autocuidado relacionadas con el ejercicio y el apoyo de la familia, están influenciadas por la cultura y el grupo social, de la persona que funciona como diabético y adulto mayor. Estas juegan un papel importante para mantener y mejorar la salud, no tan sólo en el conocimiento de habilidades de autocuidado, sino, en el repertorio de aptitudes experimentadas para mantenerlas. Así, como las capacidades para afrontar las dificultades del paciente.

    Por eso se dice que en las sociedades mediterráneas y latinoamericanas se concibe el autocuidado como un sedimento de formas culturales, comportamentales y organizativas para la defensa de la salud.16

    Viendo hacia el futuro de los pacientes crónicos, la Organización Panamericana de la Salud22 señala a la atención médica asistencial actual de los adultos mayores como un generador de alto gasto social. Pero que, al promover el autocuidado de la salud el gasto se puede revertir en inversión eficiente, al aplicar medidas oportunas, de promoción de salud y prevención de las enfermedades cronicas12 donde se incluye la diabetes.

    El autocuidado a la salud como un primer nivel de definición real de atención debe ser el ámbito natural de referencia de todo proceso asistencial. Por lo que es conveniente utilizar dicho término, para denotar las aptitudes y las prácticas centradas en aspectos preventivos y de promoción de salud que son cotidianos y que están centrados en los individuos ó la comunidad.23

    Los estudios sobre el conocimiento del autocuidado y la promoción de la salud, en pacientes con DM2 pueden ayudar a confeccionar programas educativos alternos, que tomen en cuenta a la salud/enfermedad atención como proceso bio-psico-socio-cultural.

    Este tipo de programas pueden ser adecuados, de manera ad hoc a la subcultura grupal, y aplicados en sesiones individuales o grupales, aprovechando el encuentro equipo de salud/paciente con DM2. En teoría estos pacientes tienen entre diez a 12 oportunidades anuales de ser visto mensualmente por el médico y algún otro miembro del equipo de salud al ser atendidos en una unidad de medicina familiar en México. En estas situaciones se puede incidir no tan sólo en la elevación de su conocimiento, como tradicionalmente se hace; sino también en desarrollar aptitudes para elevar la comprensión y la auto confianza del paciente. En base a una educación participativa, reflexiva y crítica para el fomento de aptitudes y la creación estructuras para afrontar de manera exitosa, el problema del descontrol glucémico se minimiza para enfocarnos a la promoción del empoderamiento de estos pacientes en relación a su autocuidado, para crear y enriquecer contextos familiares, institucionales y sociales, que favorezcan aptitudes hacia: la nutrición, el ejercicio físico; para el propio control sobre su salud y redes de apoyo para el paciente diabético.

     

    REFERENCIAS

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    Comentarios desactivadosCategorías: Diabetes y autocuidado

    Necesidades de salud desde la perspectiva de los usuarios

    6 Junio 2009 · Dejar un comentario

    Paula Bedregal G, Margarita Quezada V1,
    Marisa Torres H, Judith Scharager G2, José García O3.

    La oferta de servicios en salud en los países debería ser el producto de un análisis en el que confluyan el conocimiento y la opinión del nivel técnico, las características demográficas y epidemiológicas de la población y las necesidades percibidas por ésta. El análisis de percepción de las necesidades de salud desde la perspectiva del usuario es una dimensión no siempre considerada. Incorporarlas en el proceso de elaboración de políticas en salud, implica buscar estrategias adecuadas para conocerlas y estudiar su impacto en los costos en atención de salud y en la reducción de las desigualdades en salud entre comunidades1-3.

    Bradshaw propone para el estudio de necesidades sociales distinguir: las necesidades no sentidas pero latentes, las percibidas por el individuo, las normativas (aquellas percibidas por el profesional de la salud) y las relativas (distancia entre las necesidades individuales y las de la población)4. Tomando como modelo para la planificación en salud5 estas dimensiones , el propósito de este estudio es contribuir al proceso de implementación de la política de cambio de Centro de Salud a Centro de Salud Familiar (CSF)6 aportando al modelo de planificación pública, los problemas de salud percibidos por las personas.

    Objetivo general: Realizar un análisis de las necesidades de salud de la población de un CSF chileno desde la perspectiva del usuario del sector público de salud.

    Objetivos específicos: 1. Describir las características sociales (nivel educacional, previsión social y en salud, tipo de vivienda, propiedad y equipamiento), de las familias del área geográfica de un CSF. 2. Conocer cuáles son los problemas de salud y los problemas del barrio percibidos por las familias del área geográfica del CSF. 3. Conocer el concepto de salud que utilizan las familias del área geográfica del CSF y la importancia que se le asigna a la salud. 4. Describir las estrategias de enfrentamiento de la enfermedad. 5. Conocer las demandas y necesidades en salud.

    MATERIAL Y MÉTODO

    El estudio se realizó en el CSF “Los Castaños” de la comuna de La Florida, en la Región Metropolitana. Este es uno de los 38 centros piloto escogidos para desarrollar el cambio a CSF. Su población beneficiaria aproximada es de 20.000 personas, quienes viven en seis unidades vecinales, cuya población en extrema pobreza es 9,9%7.

    Se optó por una estrategia de investigación cuantitativa y cualitativa. El abordaje cuantitativo permitió describir la muestra de acuerdo a ciertas variables, y el cualitativo permitió comprender lo que la gente piensa y siente, a partir de los relatos de su mundo, los que están teñidos de significados, símbolos, intenciones, motivos y creencias8.

    Se usaron dos métodos de recolección de información:

    a) Una encuesta semiestructurada a una muestra representativa de la población circundante al CSF “Los Castaños”. Se determinó un marco muestral de 8.852 hogares, previo estudio cartográfico de la población de cada unidad vecinal. La población objetivo fue la dueña de casa o jefe de hogar. Se realizó un muestreo probabilístico bietápico de manzanas y hogares de esta población, definiéndose un número proporcional de encuestas a obtener. El tamaño de muestra se determinó con un error de 6,9%, con un nivel de confianza de 95%. Se agregó 20% por posibles rechazos o errores de terreno. Las variables dependientes estudiadas fueron: percepción de problemas de salud de la familia y del barrio. Las independientes fueron: características demográficas, tipo de familias, ambiente físico (vivienda). Se definió familia nuclear a matrimonios o uniones de hecho con/sin hijos/hijastros, y extendida a aquella que incluía una familia nuclear más otro(s) núcleos o parientes que viven en un mismo hogar. Familia nuclear biparental es aquella en que hay ambos cónyuges o pareja más hijos; mientras que monoparental cuando hay uno de los padres. Miembros del hogar son aquellos que comparten los ingresos y la cocina.

    El instrumento fue probado en consultantes de “Los Castaños”. Las encuestas finales se aplicaron en agosto de 2000, entre las 11 AM y las 17 PM, por estudiantes de Trabajo Social entrenadas. Los datos fueron estabilizados, procesados y analizados con los paquetes estadísticos EPIINFO 6.0 y SPSS 8.0. Se realizó un análisis estadístico descriptivo de las variables de interés, estableciéndose medidas de tendencia central y dispersión, además de inferencias de acuerdo a la naturaleza de cada variable.

    b) De los encuestados se eligieron 12 a los cuales se les realizó una entrevista. Se escogió al azar tres representantes de familias tipo: nuclear simple, nuclear monoparental, nuclear biparental y extendidas. Los tópicos tratados fueron: concepto de salud, importancia de la salud, problemas de salud, necesidades y demandas de salud y estrategias de enfrentamiento de la enfermedad. Un solo investigador realizó las entrevistas, las que se grabaron y se analizaron en su contenido.

    RESULTADOS

    Características sociales de los encuestados y familias: Se encuestaron 202 personas. No hubo rechazos. Las características sociales se observan en la Tabla 1; éstas indican que son potenciales beneficiarios del CSF. De 984 personas que formaban parte de las familias encuestadas, 26% eran menores de 15 años, y cerca de 10% mayores de 60 años. La edad promedio de las personas por hogar fue de 30,8 años. El promedio de personas por hogar en la muestra fue de 5. La mayoría de las familias eran nucleares (52%), siendo 22% monoparentales.

    Problemas de las familias y del barrio: Los principales problemas percibidos en las familias fueron: económicos (60%), cesantía (19%), comunicación familiar (14%) y salud 12%. Otros problemas señalados fueron: adicciones, hacinamiento y violencia intrafamiliar. Vivían con alguna persona con problemas de salud, el 65%. Los problemas de salud señalados fueron: hipertensión arterial, diabetes, problemas al corazón y depresión. Refirió problemas de drogas, alcohol y violencia intrafamiliar, el 14%. Al referirse a los problemas percibidos en el barrio, aquellos de salud mental cobraron relevancia destacando drogadicción (50,5%), delincuencia (20%) y alcoholismo (17%). Fue mayor la percepción de problemas de drogas en el barrio en aquellas familias con hijos escolares (p=0,06).

    El principal apoyo sería la familia (60%), la que brinda ayuda emocional (73%), económico (66%) y social (34%). Otras fuentes de apoyo son los vecinos (30,7%), los amigos (29,2%) y la Iglesia (15,3%). Los problemas se resolverían en la familia mediante “unión familiar”, “conversando” y “con aporte económico de todos”. No contaban con ayuda familiar 79 personas. Esto porque: “soluciona sus problemas sólo” (38%), “viven lejos (los familiares)” (17%), “los demás tienen sus propios problemas” (11,4%), ” no se comunican (con la familia)” (11,4%) y no tienen una buena relación (7,6%). Algunas personas declararon no poder resolver sus problemas por falta de ingresos y por la mala situación económica. Una mayor proporción de familias extensas (30%) que nucleares (19%) declararon apoyo emocional. A mayor edad del hijo menor, menor es el apoyo percibido (p=0,03).

    Concepto de salud y su valorización: No se encontraron diferencias de contenido entre los representantes de los tipos de familia. El concepto de salud surge de tres tipos de experiencias: la percepción de carencia económica, la enfermedad y la relación con su entorno social. En este último caso, la salud personal y salud social están relacionadas. La enfermedad en uno presupone la enfermedad en el otro.

    a) Experiencia de carencia: La carencia es un problema real y vivido por los entrevistados. La imposibilidad de costear un tratamiento, y de contar con los elementos para una buena atención de salud (médicos, comprensión, buena atención) se señalaron como carencias asociadas a una buena o mala salud. En estos casos, la salud no es percibida como un derecho sino como un bien escaso. El entrevistado se situó en una posición de frustración por su incapacidad de romper con el círculo entre la falta de recursos, la mala atención percibida y el estar enfermo. Una de las imágenes más demostrativas de esta percepción desde la carencia se manifiesta en la dicotomía vida/muerte. Mientras la vida está asociada a la capacidad económica de optar por su servicio de salud, la muerte lo está con la falta de recursos: “sí usted no tiene plata y la persona esta grave pa’ mi hay que decir muerte, pa’ mi es lo que es la palabra salud, pa’ mi sí usted no tiene plata pa’ mi es muerte”.

    b) Experiencia de enfermedad: Los problemas de salud son comprendidos con base a enfermedades específicas (situaciones de urgencia), dolores permanentes (espalda y huesos) y enfermedades nerviosas (depresiones). Al relacionar el concepto de salud a una situación particular de enfermedad, los entrevistados valoraron la solución urgente del dolor y también la no ruptura de lo cotidiano: “tener buena salud, para yo, ayudarme, trabajar, hacer mis cosas, pienso. Salir adelante”. También se situaron en urgencia por una posible repercusión mental ya que la buena salud mental trae consigo una buena salud del cuerpo y viceversa, “que la mente tiene que marchar bien con el cuerpo para estar bien”. La buena salud se asoció también a la presencia de un médico especialista que sepa percibir la enfermedad, diagnosticarla y tratarla.

    Las causas de enfermedad las atribuyeron a factores institucionales, personales y sociales. Las institucionales se relacionan con la carencia de atención médica, las sociales con la escasez de recursos para resolver sus problemas económicos y de salud, y las personales con la falta de autocuidado (buena alimentación, limpieza personal e higiene ambiental): “yo pienso que salud no es tan solo la enfermedad, sino depende de cómo uno vive y como se alimenta uno… a como uno viva, la limpieza, en la higiene”. Esto se hace extensivo a preocuparse por ir al médico “porque uno no va constantemente al medico, debería ir a control mensual o mes por medio, para saber sí uno a veces puede tener algo o que sé yo”.

    c) Experiencia con el entorno social: La percepción de la salud como parte del orden social se manifestó en el efecto que produce. La salud se asoció a las condiciones existentes en la realidad social (reciprocidad familiar y vecinal, comunicación, seguridad pública): “entonces si yo estoy enferma me deprimo, paso deprimida, encerrá, entonces no puedo compartir con los demás”. El hogar se asoció a lo sano, a la seguridad, y lo exterior se asoció al lugar de donde provienen los problemas de salud. Las malas condiciones en que se encuentra el país condicionaría problemas para la buena salud personal.

    Todas las personas entrevistadas le otorgaron a la salud un valor de primera prioridad. Si el entrevistado valoraba la salud a partir de su propia experiencia, la enfermedad implica incomunicación y aislamiento social: “si no tengo salud, yo no soy nada, yo siempre cuando converso con las personas digo: Si yo me siento enferma, me siento menoscabada, no tengo ganas de vivir. En cambio, si estoy bien anímicamente, sanamente, interiormente, yo me siento bien, conmigo misma y trasmito a mis vecinas, a los demás, lo que yo siento”. La importancia de la salud también se percibió por los entrevistados por el impacto de la enfermedad en las tareas cotidianas, especialmente el trabajo: “porque sí yo no estoy bien, y tengo una enfermedad con la cual no puedo hacer algo, no puedo trabajar bien, porque voy a estar pensando en que tengo algo grave, en que estoy enferma”. Esto implicaría un costo para la familia que hay que evitar. Por último, la importancia se asoció, al problema que la enfermedad genera en otro: “claro, porque es tener el bienestar de todas las personas, ponte tú cuando tiene un hijo uno no le gusta que se le enferme”. Otras necesidades prioritarias fueron: trabajo (la más recurrente), vivienda y alimentación.

    Estrategias de enfrentamiento de enfermedad: Las estrategias surgieron de los medios disponibles para acceder al sistema de atención de salud. Los entrevistados que asociaron las estrategias de enfrentamiento de la enfermedad a la atención médica, restringen la responsabilidad personal a la necesidad de seguir las indicaciones recibidas. Estas estrategias dependientes de la atención institucional se perciben limitadas por la discontinuidad del sistema. En situaciones de falta de acceso, el tratamiento se sitúa en la familia: “o sea, todos nos preocupamos de ellos, lo veímos todo y medicamento” o en el vecindario “yo por ser cuando estuve enferma, a mí quien me ayudó fue mi cuñá, la que me sirvió, pero yo creo que aquí nos ayudamos unos con otros cuando estamos enfermos”. En las familias el cuidado del enfermo está a cargo de las madres o de la hija mayor. Sólo en las familias compuestas de una pareja sin hijo, esta responsabilidad le compete también al marido.

    Demandas y necesidades en salud: Los entrevistados plantearon dos perspectivas. La demanda se relacionó con las debilidades observadas en las instituciones de salud: más doctores, más rapidez, menos negligencia. Por otra parte, las necesidades se relacionaron con carencias personales (precaución, cuidado, higiene, alimentos suficientes, trabajo): “precaución yo creo, no resfriarse por ejemplo… no tomar… los cambios de temperatura… sí uno puede vacunarse… estas cosas así para prevenirse”. La mayoría de los entrevistados se situaron como actores pasivos frente a sus demandas y necesidades. Sus capacidades de colaboración estarían restringidas por desconocimiento y desvalorización personal. La colaboración o acción se condicionaría a propuestas originadas en las autoridades: “que me lo pidiera ella (la ministra)”, “si trae buenas propuestas, apoyarla” y estaría restringida a la percepción de incapacidad personal “colaborar en que forma sí prácticamente toda la gente que va a los hospitales somos humildes”. En la acción, los entrevistados proponen actividades preventivas o de promoción. Mientras algunos promueven acciones a partir de potencialidades individuales que no cuentan: “si yo fuera enfermero o paramédico, me podría ofrecer para hacer un trabajo, que sé yo, un par de horas gratis”, otros se limitan a sus posibilidades reales: “que el consultorio tuviera como un grupo de mamás que se juntaran y salieran a visitar enfermos o ver por qué no van al consultorio”.

    Los entrevistados se ven a sí mismos como parte del conjunto social en la medida que su colaboración sea parte de una manifestación colectiva: “que la gente tendría que mantener el ambiente limpio, digamos, porque hay mucha gente acá que no le importa que este sucio”.

    DISCUSIÓN

    En el proceso actual de implementación de la política de Centros de Salud Familiar en Chile, uno de los ejes discursivos ha sido incorporar las necesidades de salud de las familias a cargo, en la programación de actividades9, además de estimular la participación social como estrategia de promoción de la salud.

    Este estudio, pese a tener las limitaciones propias de los métodos cualitativos10 nos permite comprender las percepciones y conceptos con los que operan los diversos actores sociales11-14. Nuestro estudio muestra cómo los problemas de salud mental y del entorno social son percibidos de manera prioritaria, creando necesidades y potenciales demandas hacia el sector salud entre otros. Esto concuerda con algunas investigaciones nacionales15.

    El estudio de necesidades en salud no es nuevo; sin embargo, en la actualidad, se discute sobre los alcances de los conceptos y métodos en uso16. Es importante diferenciar qué se entiende por necesidades en salud y necesidades en atención de salud. Las necesidades sentidas en salud son aquellas mociones racionales que son susceptibles de satisfacer con un determinado satisfactor. La necesidad se reduce en la medida que existe una activa apropiación física e intelectual del satisfactor por parte de la persona. Las necesidades sentidas en salud surgen de la combinación de un amplio espectro de necesidades instrumentales (que son medios para satisfacer otras necesidades), y a la vez de necesidades naturales (como es el aliviar el dolor)17. Ambos aspectos fueron expresados por nuestros entrevistados quienes situaron el concepto de salud a partir de la experiencia de carencia (de otros recursos), de la enfermedad (necesidad natural) y de su rol social (necesidad instrumental). Todos los entrevistados definieron “salud” como la presencia de un rango y nivel de capacidades mentales y físicas que le permitía satisfacer otras necesidades de su vida diaria, en especial aquellas sociales. Por otra parte, la necesidad de atención de salud (demanda) se situó en resolver una carencia directa que es realizar las actividades de la vida diaria. Esta demanda se señaló para el presente (autocuidado, atención de salud curativa, asistencia social y cuidados paliativos) y el futuro (mantener la salud, autocuidado), concordando con modelos de intervención sugeridos17.

    Stevens y Raftery18 han usado el concepto de necesidades de atención de salud como la capacidad de beneficiarse de ésta (necesidades normativas). Este concepto, usado en las políticas de salud, ha producido la exclusión de atención de aquellas personas que en teoría no se beneficiarían de la tecnología existente. El punto de interés social es que una necesidad de atención de salud no deja de existir porque no existan los conocimientos ni recursos para cubrirlos. Por el contrario, esto implica un desafío para la investigación y el diseño de sistemas de asignación de recursos en salud.

    Un sistema de servicios de salud cuya planificación se basa en las necesidades percibidas por las personas debe contemplar en el centro la promoción, la prevención primaria, la atención primaria y el autocuidado en salud. Es así como parafraseando a Virchow, Labish plantea que se requiere un sistema de salud en que la atención médica sea “redundante”19. Un sistema de salud debe considerar provisión de bienes y servicios dentro y fuera del sector salud, especialmente para los más pobres, por sus implicaciones en cortar el ciclo de la pobreza y reducir el potencial aislamiento social.

    Desde el punto de vista de las políticas de salud, a la luz de nuestros resultados es importante considerar que: a) Hay que reconocer el valor de mantener instrumentos de análisis que identifiquen las necesidades y demandas de las personas, de modo que sean consideradas y valoradas en la agenda política del sector. b) Es importante mejorar la imagen de las instituciones de salud, ya que son vistas como bienes escasos, y contribuyentes a la desvalorización personal de los más pobres. Así, es indispensable mantener informada a la comunidad sobre las orientaciones normativas y las bases sobre las cuales se realiza la planificación, y en qué medida se considera lo que la comunidad demanda. c) Las familias son un recurso potencial en salud, siendo el principal apoyo social frente a carencias. La educación en la familia para el autocuidado en salud, es una estrategia que puede incrementarse. Se reitera el papel clave de las mujeres20. d) En los sectores populares existe potencial para la promoción de la salud, partiendo por aspectos básicos de promoción de ambientes saludables. Estos logran el interés de la comunidad y pueden ser extendidos a otras áreas. e) Las relaciones que las personas establecen entre enfermedad y condiciones socioeconómicas de un país permite comprender la importancia de contar con políticas públicas saludables. Esto es que: todos los sectores apunten hacia la salud de las personas, incrementando el capital humano del país. f) Finalmente, es importante avanzar hacia un modelo de responsabilidad compartida en salud, a través de la comunicación y el diálogo permanente entre los diversos actores sociales.

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    → Deja un ComentarioCategorías: Autocuidado de la Salud

    Conductas de autocuidado y manifestaciones características de la mujer del período perimenopáusico.

    6 Junio 2009 · 1 comentario

    ELIZABETH M. BASTÍAS ARRIAGADA* y OLIVIA SANHUEZA ALVARADO**

     

     *Enfermera, docente Universidad San Sebastián, campus Osorno, Chile.

    **Enfermera, docente Depto. de Enfermería, Universidad de Concepción, Chile.

    RESUMEN

     

     

    La presente investigación tuvo como objetivo valorar las conductas de autocuidado y manifestaciones características de la mujer del período perimenopáusico, y su relación con el perfil bio demográfico y social de estas, entre los 45 y 54 años. Se trata de un estudio explicativo, transversal, correlacional. La muestra estuvo formada por 148 mujeres de la comuna de Concepción, Octava Región, Chile. Los instrumentos recolectores de datos utilizados fueron: Cuestionario elaborado por la autora de este estudio, sobre antecedentes generales de la mujer en periodo perimenopáusico, Cuestionario especifico de Calidad de Vida en la menopausia, Universidad de Toronto adaptado por la Fundación PROSAM en Chile en 1997 y Cuestionario de autocuidado de Voda. El análisis de los datos fue a través de estadística descriptiva y prueba de ANOVA. De acuerdo con los resultados de este estudio, el perfil bio demográfico y social de las mujeres no influenciaría la aparición de manifestaciones características del período, y las actividades de autocuidado generadas por las mujeres serían independientes de estos perfiles. Entre las manifestaciones observadas, las vasomotoras no son significativas; de las manifestaciones psicológicas, lo más sobresaliente es la presencia de nerviosismo y ansiedad, como también sentirse deprimida o triste. Priman las manifestaciones físicas, principalmente presencia de flatulencia, gases o hinchazón abdominal, los dolores musculares y/o articulares, cansancio, disminución de la fuerza y de la resistencia física como también cambios en el deseo sexual y el evitar las relaciones sexuales. Las actividades de autocuidado que más se destacan, son las de promoción de bienestar, percibiéndose la necesidad de recibir mayor información respecto a este período de sus vidas, el cual es necesario enfrentarlo, desde un punto de vista sanitario y social con una programación acorde y la misma naturalidad con que se enfrentan otras etapas de la mujer, como la reproductiva, pero contando con el apoyo adecuado y necesario para su bienestar.  

     

     INTRODUCCIÓN

    Los cambios bio-demográficos de la población chilena, caracterizados por una mayor expectativa de vida, han producido el subsiguiente aumento de la población mayor. Ello ha incrementado el porcentaje de mujeres que alcanzan la etapa del climaterio, lográndose un reconocimiento creciente de los problemas que aquejan a las mujeres en etapa perimenopáusica (Valdivia, 1993). Si partimos del supuesto de que la función reproductora femenina puede cesar entre los 45 y los 50 años, se ha estimado que, a partir del año 2000, una de cada 2 a 3 mujeres podrá esperar una vida postmenopausia entre 25 a 30 años (SERNAM, 1994). Es así como en Chile el Censo 2002 señala que en el país las mujeres entre 45 y 49 años es de 462.910 y entre 50 y 54 años es de 389.603, proporción similar es la que se encuentra en la comuna de Concepción: las mujeres entre 45 y 54 años son 7.006 y las mujeres en el rango de 50 a 54 años es de 6.086.

    Uno de los cambios fundamentales de la edad intermedia –la disminución de las capacidades reproductoras– afecta a hombres y mujeres de manera diferente. El evento biológico de la menopausia implica que la mujer deja de ovular y de menstruar y que ya no puede concebir hijos. Esto ocurre alrededor de los cincuenta años, en promedio, pero puede suceder muy normalmente varios años antes o después (Upjohn, in: Papalia, 1992). El tiempo de unos dos a cinco años durante los cuales, el cuerpo de la mujer experimenta los diversos cambios fisiológicos que conducen a la menopausia se conoce técnicamente como el período climatérico” (Papalia, 1992) y, más recientemente, como etapa perimenopáusica (Lavín, in: González y col., 1998).

    Indudablemente su calidad de vida se puede ver amenazada y coincide con lo expresado en el “marco epidemiológico” del Programa de Salud de la Mujer, del Ministerio de Salud (1995), en el sentido de reconocer que las necesidades de salud de la mujer presentan una amplia variedad, según las condiciones de vida que enfrenten y las diferentes etapas de su ciclo vital, todo lo cual requiere identificar condiciones específicas de riesgo, a fin de proponer estrategias adecuadas de abordaje.

    Al respecto, los conceptos que actualmente se utilizan son los siguientes:

     

    – La definición médica de la menopausia, asumida también por la Organización Mundial de la Salud, se refiere a “la cesación de la función ovárica, la cual resulta en una amenorrea permanente (ausencia de menstruación)“. Ésta sucede dentro del período perimenopaúsico, clasificándose en natural o fisiológica, cuando sobreviene como resultado del cese espontáneo de la función ovárica, y en iatrogénica o artificial, cuando ha sido provocada por la extirpación de los ovarios o por un agente externo (radioterapia, quimioterapia, histerectomía) (Gerer, 1993).

    – El período de la perimenopausia, Li y col. (2000) lo definen como “la transición alrededor de la menopausia de unos pocos años antes y hasta un año después del cese permanente de la menstruación”, definición que se complementa con “el período de transición entre la menstruación normal y la finalización total de la misma“, Merck (2001). Otra definición de perimenopausia señala que se caracteriza por una declinación progresiva de la función ovárica, causando trastornos en la ciclicidad y/o cantidad del sangrado uterino, así como manifestaciones de deficiencia estrogénica y elevación de las gonadotrofinas (Lavín, in: González y col., 1998). Los conceptos de perimenopausia y climaterio son definidos indistintamente por varios autores.

     

    Las manifestaciones asociadas con la perimenopausia se podrían agrupar en:

     

    Manifestaciones vasomotoras: como sofocos, bochornos y sudores nocturnos.

    Manifestaciones psicológicas: según la literatura se ha observado gran diversidad de síntomas psicológicos. Así, no está claro en qué medida estas “descripciones sintomáticas” hacen referencia a algún factor general de bienestar o desánimo o a situaciones psicológicas más precisas, como depresión, fatiga o irritabilidad.

    Manifestaciones físicas: tales como disminución de la fuerza física, presencia de signos de atrofia, incontinencia de orina al realizar ciertos esfuerzos, como puede ser al toser, estornudar o reír, insomnio, cansancio, perdida de la memoria, dificultades de concentración, dolores de cabeza.

    Manifestaciones asociadas a la sexualidad: las mujeres que asisten a las consultas médicas a causa de trastornos perimenopáusicos o postmenopáusicos suelen quejarse de sequedad vaginal y la consiguiente dispareunia, también una disminución del interés y del placer sexual.

     

     

    Por otro lado, la fundamentación teórica de esta investigación está centrada en la teoría del autocuidado, que abarca las necesidades de autocuidado universales de todos los individuos, así como también las necesidades específicas del desarrollo físico, social y psicológico. También incluye la situación de enfermedad o lesión, y cómo ésta se relaciona con los profesionales del cuidado de la salud, aspecto relevante si consideramos que las mujeres, como cualquier individuo, no se encuentran aisladas en su entorno. Orem (1991) enfatiza que la realización del autocuidado requiere la acción intencionada y calculada, que está condicionada por el conocimiento y repertorio de habilidades de un individuo, y se basa en la premisa que los individuos saben cuando necesitan ayuda y, por lo tanto, son conscientes de las acciones específicas que necesitan realizar. Sin embargo, pueden escoger entre distintas opciones en sus conductas de autocuidado. Y en algunas circunstancias, un individuo puede decidir, por cualquier razón, no iniciar la conducta de autocuidado cuando es necesaria.

    El autocuidado podría considerarse como la capacidad de un individuo para realizar todas las actividades necesarias para vivir y sobrevivir. Orem (1993) considera el concepto “auto” como la totalidad de un individuo, incluyendo no sólo sus necesidades físicas, sino también las psicológicas y espirituales, y el concepto “cuidado” como la totalidad de actividades que un individuo inicia para mantener la vida y desarrollarse de una forma que sea normal para él. Así, el autocuidado es la práctica de actividades que los individuos inician y realizan en su propio beneficio para el mantenimiento de la vida, la salud y el bienestar (Orem, 1993).

    Esta teoría se encuentra inserta dentro de un modelo conceptual, cuya autora es Dorotea Orem (1993), y el cual integra tres teorías relacionadas: la teoría del autocuidado (que es la que servirá de marco para este estudio); la teoría del déficit del autocuidado y la teoría de los sistemas de enfermería.

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    → 1 comentarioCategorías: Conducta de autocuidado

    El cuidado a la salud en el ámbito doméstico: interacción social y vida cotidiana

    6 Junio 2009 · 1 comentario

    Isabel Hernández Tezoquipa, María de la Luz Arenas Monreal y Rosario Valde Santiago

    Centro de Investigaciones en Sistemas de Salud. Instituto Nacional de Salud Pública. Cuernavaca, Mor., México

     INTRODUCCIÓN

    El presente estudio se ubica en el ámbito teórico de la microsociología, que se ocupa del comportamiento social cotidiano, cosas que se hacen infinidad de veces al día sin necesidad de pensar en ellas. El estudio de tales formas de interacción social aparentemente insignificante es una de las áreas más absorbentes de la investigación sociológica. Existen dos razones por las que el estudio de la interacción social cotidiana es tan importante:

    1. las rutinas cotidianas y las interacciones en las que ellas sumergen a las personas estructuran y moldean lo que ellas hacen. Se puede aprender mucho de nosotros mismos como seres sociales y sobre la vida social estudiando estas rutinas;

    2. el estudio de la interacción social en la vida cotidiana ilumina significativos aspectos de los sistemas e instituciones sociales más amplios.8

    Se trata de una perspectiva teórica que se centra en el tema humano y edifica el mundo social a partir de la conciencia humana. Se opone a la dura imagen estructural de la sociedad propuesta por los durkheimianos y también al materialismo histórico de la teoría del conflicto. Contra la rígida previsibilidad de la ciencia, se exalta aquí la fluidez y todo el sentido del humanismo.6

    El cuidado a la salud en el ámbito doméstico ha sido explorado principalmente por la antropología médica. Menéndez14 habla del modelo de autoatención, que tiene por centro a la mujer, y constituye el primer nivel real de atención a la salud. Otros autores19 sostienen que para la atención de la salud en México existe un sistema real de salud,en contraste del sistema formal, autodenominado nacional, integrado por tres subsistemas o modelos: el de la medicina académica, el de la medicina tradicional y el de la medicina doméstica o casera.

    El modelo de la medicina doméstica ha sido poco investigado. Menéndez14 y Zolla et al19 entre otras características señalan que este modelo esta estructurado como un sistema de conceptos, creencias y prácticas relativas a los estados de desequilibrio en general y al proceso salud enfermedad/atención en particular. Como modelo de atención, su quehacer no se limita al área médica (preventiva o curativa) sino que incluye y reelabora conceptos y prácticas relativas a la alimentación y la nutrición, la higiene y el saneamiento básico, la educación y la recreación, la sexualidad y la reproducción, la religiosidad y las normas sociales, el trabajo y la vivienda.

    Para ubicar los resultados de esta investigación debemos profundizar en el cuidado a la salud que proporcionan esencialmente las mujeres en el ámbito doméstico, entendiendo éste como un concepto más amplio que la simple lucha contra la enfermedad, siendo más bien como un pensar materno que estimula y facilita las condiciones para su desarrollo, es decir, un saber esencialmente femenino de cuidado a la salud en el ámbito doméstico, que podríamos llamar el pensar materno,5,15 cuyo objetivo crear un ambiente sostenedor que aporta a los que están bajo su cuidado la protección para su vida y un crecimiento integral. Este saber femenino se refleja en los patrones de cuidado-curación que se realizan en el ámbito doméstico. Este saber femenino es construido socialmente, es decir, que todos estos conocimientos son productos sociales, construidos a través del camino de la socialización, al aceptar ciertos valores y normas de conductas. Estos conocimientos son dependientes de las situaciones socioculturales en los cuáles ellos ocurren y constantemente son renegociados.

    La perspectiva teórica de la construcción social, argumenta, que los conocimientos vistos como verdad, deberían ser considerados como productos de relaciones de poder.11 Parte del saber femenino en salud, sobre todo el medicalizado, es resultado del conocimiento hegemónico de salud, consecuencia de un proceso de profesionalización avalado por un poder político, que en su momento fue fundamental, para desconocer otros saberes del cuidado-curación a la salud.

    La sociología interpretativa ha enfatizado que la experiencia subjetiva individual de salud-enfermedad no se puede entender completamente a menos que sea analizada en el contexto de las vidas individuales como un todo.4 Esta corriente propone que el análisis estructural no invalida el punto de vista de la gente común respecto a su salud y enfermedad. La principal representante de estos estudios es Cornwell,4 quién propone una distinción entre la explicación pública y la explicación privada; la primera trata de los significados socialmente legitimados y la segunda trata de la experiencia y sentimientos individuales. Las teóricas feministas observan distinciones profundas entre los significados públicos y privados en las vidas de las mujeres. Las autoras feministas exploran la discrepancia entre los roles y expectativas impuestos sobre las mujeres por la cultura dominante y aquellas definiciones que las mujeres adquieren a través de su experiencia personal. La socióloga canadiense Smith, citada por Kasper,9 describe las consecuencias que tiene esta ruptura para las mujeres; habla de una “escisión de conciencia” o ruptura entre esas dos formas de significados, cuyo resultado es una asimetría que obliga a la mujer a devaluar su propia experiencia en favor de uno de los paradigmas dominantes, el discurso masculino.

    Como resultado de esta ruptura asimétrica o “falla”, las mujeres se pueden comportar como objetos pasivos y no como sujetos activos. Nuevamente Smith9 describe las consecuencias de esta ruptura para las mujeres: “Nosotras no hemos sabido como partir desde nuestro propio centro, cómo partir desde nuestra propia experiencia, y cómo recrearnos a nosotras mismas en tanto mujeres sujetos del acto sociológico de conocer”.

    El objetivo del presente estudio es explorar los ámbitos y agentes que determinan la conformación del saber femenino en cuanto al cuidado de la salud, visto como proceso social dinámico de carácter colectivo, consecuencia de las interacciones sociales.

     

    MÉTODOS

    Se analizó una base de datos cualitativos, que corresponde a la Encuesta Nacional de Salud (ENSA II) en México.16 La Encuesta Nacional de Salud (ENSA II), se llevó a cabo en 1994 con el objetivo de generar un diagnóstico sobre los alcances y limitaciones de la respuesta pública y privada a las necesidades de atención a la salud en México, mediante la identificación de la magnitud de la cobertura, los perfiles de la utilización, los niveles de accesibilidad y la calidad de los servicios. En cuanto a la metodología, se agrupó el total de entidades federativas en cinco regiones de estudio: Zona Metropolitana, Centro, Norte, Sudeste y Golfo.

    Un componente fundamental de la encuesta fue la inclusión de un estudio cualitativo sobre los determinantes y modalidades de la utilización de los servicios de salud, orientado a explorar los patrones de utilización de los servicios de salud y las razones y causas asociadas a estos patrones. La estrategia metodológica que se desarrollo fue la siguiente: restringir el estudio cualitativo a las áreas urbanas y, en ellas, específicamente a los sectores socioeconómicos medios y bajos, por limitaciones de tiempo se decidió seleccionar a dos de los centros urbanos de mayor relevancia en cuatro de las cinco regiones del país que utiliza la ENSA II; se excluyó la región correspondiente a la Ciudad de México. Los centros urbanos de las cuatro regiones son: Chihuahua y Saltillo, de la región norte; Aguascalientes y Morelia, de la región centro; Mérida y Veracruz, de la región sur y Chilpancingo y Pachuca, y de la región PASSPA.*

    La información se recabó en tres grandes ejes temáticos: a) Noción y percepción de salud-enfermedad; b) Carrera del enfermo; c) Percepción de los servicios de salud. Esta información se exploró en tres grupos poblacionales: I) Enfermos que utilizaron algún servicio de salud; II) Enfermos que no utilizaron ningún servicio de salud; III) No enfermos que utilizaron los servicios de salud; IV) Enfermos con padecimientos crónicos. La información se obtuvo a través de entrevistas en profundidad.

    En total se llevaron a cabo 192 entrevistas a personas (usuarias y no usuarias). Para el presente estudio se seleccionaron de este grupo a todas las mujeres en el rango de edad de 35 a 45 años, consideradas de mediana edad, en total son cuarenta entrevistas de diferentes zonas del país; seis de la región centro; doce de la región norte; catorce de la región sur y 8 de la región PASSPA.

    Las entrevistas se procesaron mediante el programa de cómputo Ethnograph. Para llevar a cabo el análisis se diseñó un manual de codificación el cual contemplaba los siguientes códigos: A sí misma, Otros, Ámbito privado, Ámbito público, Factores socioeconómicos, Género, Redes de apoyo, sin dejar de tener la flexibilidad para identificar otros códigos que emergieran en la lectura. Los códigos emergentes jugaron un papel muy importante para los resultados y el análisis y fueron los siguientes: medicina casera, medicina de los de antes (tradicional), autoatención, enseñanzas, observación.

     

    RESULTADOS

    Los hallazgos del estudio exploran los ámbitos y agentes que determinan la conformación y configuración del saber femenino en cuanto al cuidado de la salud, visto como proceso social dinámico de carácter colectivo consecuencia de las interacciones sociales. Así mismo se describen las acciones o pautas de comportamiento de las mujeres para cuidar de su salud y la de los demás.

    Las interacciones sociales y el cuidado a la salud en el ámbito doméstico

    El saber femenino del cuidado a la salud se refleja en los patrones de cuidado y curación que se realizan en el ámbito doméstico. Este saber femenino se construye socialmente, es decir, todos estos conocimientos son productos sociales, que se aprenden a través del camino de la socialización, al aceptar ciertos valores y normas de conducta. Estos conocimientos son dependientes de las situaciones socioculturales en los cuales ellos ocurren y constantemente son renegociados. En el cuidado que las mujeres brindan en el hogar se refleja que sus conocimientos son resultados de procesos sociales, consecuencia de la interacción que establecen con ámbitos de socialización como son los servicios de salud del modelo dominante de atención a la salud, la transmisión de conocimientos del modelo dominado, medicina tradicional, y de nuevas experiencias adquirida a través de sus relaciones con mujeres y de su propia experiencia adquirida en especial en el ámbito doméstico. Se prefiere hablar de ámbitos de socialización, “por cuanto los sujetos no se socializan tanto por la acción de una serie de personalidades individuales que influyen sobre ellos como por su ubicación en unos entornos determinados, con unas características sociales específicas y en los que existen unas redes de interacción social entre los distintos actores allí presentes”.

    El saber femenino del cuidado a la salud en el ámbito doméstico se construye a través de la experiencia de las mujeres en la interacción con distintos espacios y agentes sociales, los cuales van aportando toda una gama de conocimientos relacionados con el cuidado-curación. A este conjunto de saberes y prácticas desarrolladas por las mujeres se le denomina medicina casera. Esta acción se caracteriza por la mezcla de conocimientos que se construyen principalmente a través de dos modelos centrales: el paradigma médico dominante y el paradigma médico dominado,medicina tradicional. Cada uno de estos espacios tiene sus diferentes agentes que, dentro de los recursos terapéuticos utilizados, tienen por un lado los medicamentos, y por el otro, el uso de plantas medicinales y otras prácticas de la medicina tradicional.

    El modelo médico como ámbito de socialización para el aprendizaje de la automedicación

    Una de las fuentes de conocimiento de las mujeres lo constituye su propia experiencia como pacientes o la desarrollada a través del cuidado a los miembros de la familia. Esta experiencia hace que las mujeres se conviertan en expertas en el uso de medicamentos y cuando es necesario echan mano de ellos para atender a su familia o sí mismas. La automedicación que las mujeres realizan en casa va desde el uso de medicamentos que pueden considerarse de uso común para resfriados y problemas estomacales hasta más complejos como puede ser el uso de antibióticos, antihistamínicos, antiasmáticos y antimicóticos. Por su complejidad, el uso de la mayoría de estos fármacos debería hacerse bajo supervisión profesional y el fenómeno de la automedicación es muy señalado por los profesionales de la salud.

    Sin embargo, ¿por qué las mujeres en las familias persisten en la automedicación?, en la experiencia de las mujeres subyacen necesidades apremiantes, para ellas es central que su malestar sea atendido a pesar de las limitaciones económicas que tienen, de tal manera que en su afán por resolver los malestares de ellas o los miembros de la familia, recurren para atenderlos a los conocimientos y prácticas que han acumulado. Uno de los caminos es el uso de medicamentos que el propio médico le ha recetado en situaciones anteriores. Las mujeres lo expresan de la siguiente forma:

    “No, yo sola, así que yo sepa, ¿verdad?de lo mismo que me ha dado el doctor” “Las compraba en la farmacia, de buscapina para el dolor, o en inyección porque eso era lo que me ponían en urgencias, no tiene caso en ir a gastar hasta allá en carro y luego para que me pongan una inyección de eso mismo, mejor procuraba tener aquí, decía mejor tráeme inyecciones, así de repente me da dolor y me inyectan y ya” (Entrevista nº 72 Aguascalientes, Aguascalientes).

    Las mujeres explican estas decisiones de automedicación por la falta de recursos económicos, por la burocracia propia de los servicios de salud pero a la vez se culpan por no tener de manera inmediata el acceso a un profesional de la salud. Las mujeres saben que consultar a un profesional es lo más adecuado tanto para la atención de ellas como de su familia, pero su situación socioeconómica es tan precaria que no tienen los recursos para poder desplazarse a los centros de atención profesional.

    Desde la perspectiva de las mujeres la acción de automedicar a su familia o a ellas mismas es resultado de una serie de elementos relacionados unos con otros, se distingue en especial el contacto cotidiano con los servicios de salud, ya sea para su propia consulta o por llevar a otros, también por que no encuentran una solución a sus malestares, las mujeres saben que aunque vuelvan a ir a los servicios les recetaran lo mismo, y esta situación se agrava con las largas esperas para poder acceder al servicio. Por último, la falta de recursos juega un papel importante para que la mujer recurra a la automedicación como una solución inmediata a su malestar. Esta conducta medicalizada es una construcción social que se desarrolla y aprende mediante la interacción con diferentes actores que apoyan y avalan a este modelo y por la situación y lugar que ocupan en la sociedad.

    Los conocimientos de uso de los medicamentos están también fuertemente influenciados por los medios de comunicación y la farmacia los cuales actúan como instrumentos de reproducción del modelo médico dominante. Bien se sabe en la literatura social, en especial cuando se habla de socialización, que es muy difícil separar los procesos sociales implícitos de la comunicación, en especial hoy día en que las sociedades utilizan los medios masivos de comunicación para su funcionamiento. Las mujeres aprenden como acción de cuidado a la salud la automedicación, esto ocurre al interactuar con los servicios de salud del modelo dominante de atención y este evento se refuerza con los medios masivos de comunicación y un recurso que se podría llamar intermediario, los farmacéuticos, ellos son los actores más inmediatos con los que las mujeres establecen contacto ante cualquier evento de alteración a la salud.

    El ámbito doméstico espacio de socialización para el aprendizaje de la medicina tradicional y reproducción del modelo médico dominante

    El otro ámbito de socialización determinante en el saber femenino del cuidado a la salud es su medio ambiente cotidiano representado en primer lugar por su familia de origen, donde desde pequeña inició su aprendizaje del cuidado a la salud, y después su familia de hoy día en donde su experiencia es definitiva. Existen dos tipos de mujeres que interactúan en el conocimiento del cuidado a la salud en la casa: las que tienen que ver con su formación o socialización en la casa (madre, abuela y mujeres mayores); sus pares, como son sus hermanas o vecinas; las mujeres que tienen el mismo padecimiento y ella misma, por la nueva experiencia que va adquiriendo a través del cuidado de sus hijos.

    Las mujeres mayores son personajes importantes que se encargan de la formación de las mujeres jóvenes en el cuidado a la salud, los conocimientos que brindan son en el área de la medicina tradicional. Estas mujeres enseñan a curar cólicos y dolor de estómago basándose en tés de manzanilla, hierbabuena, ruda, mirto, estafiate, hierbas para la bilis, a “curar anginas(amigdalas)”, a usar hierbas para la tos y resfriados, a contrarrestar intoxicaciones, usar hierbas para la diabetes, asma, y aplicar “curaciones caseras” como ltomar desenfriol y vick vaporub ¾ medicamentos antigripales-, a controlar los “nervios”, aliviar dolores. También enseñan a curar síndromes de origen cultural** como: “caída de mollera”, “mal de ojo”, “sustos” y “enfriamientos”. El conocimiento que las mujeres mayores brindan a las demás, en especial a las más jóvenes, está muy centrado en la medicina tradicional. Lo expresan como sigue:

    “Pues le digo que traje a una señora para que ella la salvara así, de sombra que ella la limpiara, porque le dolía mucho su cabeza, así, pues, calentura y no quería comer”. (Entrevista nº 230 Veracruz, Veracruz)

    Como se acotó antes, enseñar este tipo de curaciones es parte de su rol de madre y del cuidado de salud en el hogar. Este grupo de mujeres representa a las mujeres “de antes” y que desde el punto de vista de las mujeres todavía saben como curar.

    La experiencia y la observación y su contacto con otras mujeres generalmente de su mismo grupo generacional, son también caminos para aprender a cuidar de la salud. El cuidado a los hijos es el camino principal por el cual las mujeres adquieren nuevas experiencias de aprendizaje para cuidar la salud de los demás y desarrollan un aprendizaje bastante amplio de conocimientos. Lo expresan como sigue:

    O sea siempre me voy aprendiendo, desde que estaban chiquitos los otros, que el bactrim, pues un antibiótico, que el analgésico, ya se que es un calmante, que para la alergia les doy nombres y no, no, no, sé bastante” (Entrevista nº 53 Saltillo, Coahuila).

    Con relación a otro tipo de aprendizajes, por ejemplo la observación es el instrumento principal para obtener conocimientos, las mujeres lo expresan como sigue:

    “Ahorita que yo he pasado por esta de mi hijo. Ya le duele algo y me preocupo o que ya van dos o tres días que no se le quita o que una temperatura y que no se le quita con lo que le doy eso quiere decir que es otra cosa más fuerte. [Cuando dice `con lo de mi hijo', ¿a que hijo se refiere?] Al que falleció, que empezó sin ninguna cosa más que un dolor. Un dolor puede significar muchas cosas, ahora y siempre porque cuando mi hijo se enfermó del apéndice, simple dolor de estómago tenía. Que le dolía el estómago y le dolía el estómago. O sea que todas esas cositas a mí ya me ponen sobre aviso que tengo que acudir”. (Entrevista nº 227 Veracruz, Veracruz)

    Es mediante la observación que las mujeres van construyendo un saber femenino sobre la salud, contiene una rica experiencia de aporte al cuidado tanto de su familia como al suyo propio, conocimientos de salud muy plurales que le dan valor a su relación con otros, con el ambiente, con la sociedad. Lo que muestran los resultados hasta aquí descritos es que las mujeres utilizan distintos enfoques para reconocer y diagnosticar las enfermedades y malestares que se presentan consigo misma o con los distintos miembros de la familia, así como diferentes recursos terapéuticos; de tal manera que recurren a la automedicación, a las plantas medicinales o a cualquier otro tipo de recurso que, de acuerdo a recomendaciones de su grupo social o su propia experiencia, ha dado buenos resultados.

     

    DISCUSIÓN

    La interacción social en la vida cotidiana de las mujeres para cuidar la salud es una realidad que comparte con otros cara a cara:con sus propios hijos, con su madre, vecinas y profesionales de la salud;esta acción no es autónoma ni aislada de la estructura social, sino que es suma total de las pautas recurrentes de interacción. Las mujeres en estas interacciones acumulan una experiencia biográfica e histórica. En virtud de esta acumulación se forma un acopio social del conocimiento que se transmite de generación en generación y esta al alcance del individuo en la vida cotidiana.3 Las mujeres poseen un acopio social del conocimiento y del cuidado de la salud cotidiano, que tiene que ver con un orden cultural y social especifico mediatizado para ellas por significantes,personas o instituciones, los cuales están encargados de su socialización. En la unidad doméstico/familiar son las mujeres las que proveen el autocuidado a la salud necesario para la reproducción biológica y social tanto de su familia como de sí mismas.13

    El saber femenino del cuidado a la salud se hace patente en los patrones de cuidado-curación a la salud-enfermedad en el ámbito doméstico, ello es resultado de un proceso de socialización; estos patrones de cuidado a la salud en el hogar están mezclados entre prácticas tradicionales y las que el modelo médico ha diseminado entre la población. La forma como las mujeres construyen el qué y cómo cuidar la salud de su familia y la suya propia, resulta de la interacción social que realiza con los servicios de salud a través de la consulta, la influencia de los medios de comunicación, en especial la televisión, uso de la farmacia, por sus contactos con médicos tradicionales, por la transmisión de conocimientos de sus madres y abuelas, por mujeres de la comunidad y finalmente por su propia experiencia adquirida al cuidar de su familia. En estos ámbitos se encuentran mecanismos y procesos sociales a través de los cuales las mujeres van configurando su universo de cuidado a la salud, que se describen y analizan en los apartados anteriores.

    Las conductas implícitas en los patrones de cuidado y curación en el hogar son actos individuales reflejo de una colectividad que esta constituida por servicios de salud de un paradigma dominante y de un paradigma dominando y del espacio cotidiano de las mujeres, el ámbito doméstico. En la interacción con estos grupos aprenden normas culturales, valores, códigos, para constituir así su propio sistema de representaciones e imágenes de lo social que constituirán el componente básico de su identidad social y uno de los determinantes fundamentales de sus pautas de comportamiento.

    En la actualidad parte de la identidad social de las mujeres en el cuidado a la salud es la medicalización de la misma, resultado de una relación de poder de un paradigma de atención dominante frente a un paradigma dominado. Resultado también, en esta vertiente del poder, que lo que aprende de las demás mujeres y de su propia experiencia es devaluado a favor del paradigma dominante que, en general, es conocimiento masculino, en este sentido las mujeres pueden comportarse como sujetos pasivos y no como sujetos activos en el universo del cuidado a la salud en el cual ellas son centrales.

    Estudios sobre automedicación demuestran que entre la población que consume algún tipo de medicamento el 53.3% de los consumidores lo hizo mediante automedicación,1 o hasta un 76.1% .19 El modelo médico es su principal proveedor de conocimientos en lo que se refiere a la automedicación. La literatura internacional sostiene que en la mayoría de situaciones de automedicación hay indicaciones de terceros. De estos, el médico (reutilización de receta antigua) tiene un papel relevante. El médico es el principal introductor del medicamento en el ámbito familiar, él sin querer es el principal generador del proceso de automedicación. La literatura reporta que hay sectores de la población que al tener barreras socioeconómicas y de acceso a los servicios de salud son más propensos a realizar automedicación.17 En el presente estudio las mujeres mencionan que utilizan la automedicación por falta de recursos económicos y por la burocracia de los servicios de salud. La automedicación forma parte de un proceso de reproducción biológica y social a partir de la unidad doméstico/familiar.13 Una investigación reciente de corte cuantitativo en México, 10 demuestra que del total de la población, el 61% se autoatiende y solo el 39% usa la atención médica. De aquellos que se auto atienden, el31% lo hacen con remedios y el 58% usan algún medicamento y son las personas que viven en las áreas más pobres de México las que más recurren a la autoatención. Como se constata la práctica de cuidado a la salud esta impregnada por la acción de la medicación, esta acción de las mujeres lleva a la continuación de la reproducción de un paradigma de atención que se basa exclusivamente en curación, pero también por las prácticas de un paradigma dominado pero que persiste a través del proceso de socialización realizado en el ámbito doméstico.

    El modelo de autoatención, o medicina doméstica, tiene determinadas características básicas la eficacia pragmática, concepción basada en la experiencia, tendencia a la apropiación tradicional de las prácticas médicas y tendencia sintetizadora. En esta investigación, estas características se han hecho evidentes al describir los resultados, donde se observa que las mujeres llevan a la práctica un pragmatismo tanto para el diagnóstico de enfermedades o síndromes como en los recursos terapéuticos que utilizan. Para las mujeres no importa el modelo conceptual ni el fundamento científico de los distintos paradigmas médicos, lo que tiene importancia es obtener resultados satisfactorios en el proceso salud/enfermedad atención, por lo tanto su experiencia reúne conocimientos de distintos modelos, los cuales se reelaboran de acuerdo a su experiencia.14 Otros estudios han demostrado el trabajo cotidiano e invisible de las mujeres por su propia salud, participando en el logro de su propio bienestar.7 El presente estudio corrobora que el cuidado cotidiano realizado por las mujeres en sus hogares, con el fin de lograr bienestar de salud tanto para ellas como para su familia, es el resultado de un proceso de interacción con diferentes actores sociales, tanto de la cultura popular como de la medicina alopática de los cuales aprende saberes y métodos para el cuidado de la salud. Para Menéndez12 esta practica de la mujeres representa una apropiación sintética de saberes de diferente origen y extracción, que reformula sus prácticas de atención a la enfermedad a través de relaciones directas e indirectas establecidas con la práctica médica.

    Conocer la construcción del universo de cuidados a la salud de las mujeres que son mayoría frente a los profesionales de la salud, es fundamental, pues esos cuidados son primordiales para conservar y preservar la vida de ella misma y de los que cuida y que además dan un soporte a la práctica médica a pesar de que esta desconoce en gran medida lo que las mujeres aportan al cuidado de la salud desde su ámbito cotidiano, que es el hogar.

    REFERENCIAS

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    → 1 comentarioCategorías: Vida Cotidiana

    Consumo de medicamentos en el internado rotativo de medicina: aproximación a las prácticas de autocuidado de la salud basadas en el conocimiento

    6 Junio 2009 · Comentarios desactivados

    Para determinar la frecuencia de prácticas de autocuidado de la salud, las enfermedades que las motivan y el consumo de medicamentos entre los internos rotativos (IR) de la Escuela de Medicina, se realizó un estudio observacional utilizando un cuestionario autoaplicable. Participaron un total de 107 IR (46,7 por ciento hombres y 53,3 por ciento mujeres), edad media de 25,5 años (DS=1,7 años). El 100 por ciento de los encuestados refirió haber sufrido algún problema de salud durante el año de internado rotativo. Existieron antecedentes de consumo de medicamentos en el 94,4 por ciento de la muestra (p=ns entre sexos). Un 97,2 por ciento de los IR sufrieron una enfermedad reciente que comprometió especialmente el aparato respiratorio… (AU)

    Comentarios desactivadosCategorías: Autocuidado de la Salud · Medicación
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